Pagar más si la cuchilla es rosa

A Coruña, 26 de noviembre de 2014

El Ministerio de Economía francés investiga desde hace dos semanas si en los expositores de los supermercados galos las cuchillas de afeitar rosas son más caras que las azules. Esto se debe al colectivo feminista Georgette Sand, que ha denunciado que en las grandes superficies del país el mismo producto en su versión femenina es bastante más caro que el dirigido a ellos. El ejemplo más característico es el de la cadena Monoprix, en sus expositores un paquete de cinco maquinillas de afeitar rosas cuesta 1,80 euros mientras que el mismo pack, en tono azul y con cinco cuchillas más, tiene un coste de 1,72 euros para ellos.cuchillarosamáscara

El colectivo cita otros ejemplos, como los desodorantes o los cepillos de dientes, donde el precio se eleva sólo por el tono del mango. En el caso de las cremas la diferencia de precio podría justificarse en el hecho de que los componentes son distintos, pero en el caso de las cuchillas las francesas no se lo explican.

La maquinilla se ha convertido ya en el icono de un movimiento ciudadano contra el escándalo de la tasa rosa. En Change hay una petición con más de 20.000 firmas para que la citada cadena acabe con este “impuesto femenino”. La responsable de Igualdad se ha reunido con miembros del colectivo y el ministro de Economía y el secretario de Estado de Comercio para investigar el fenómeno.

En España las organizaciones de consumidores como OCU o Facua no han registrado denuncias sobre este supuesto impuesto femenino.

Esta ‘womentax’ no es exclusiva de Francia. Según ‘Forbes’, las americanas pagan 1.300 dólares más al año que los hombres por productos similares pero dirigidos a ellas. Según la organización de consumidores Facua, en España es complicado encontrar productos idénticos en los que sólo varíe el tono. “Las marcas argumentan esa diferencia de precio en el hecho de que los componentes o el diseño son diferentes”, explica a Mercados Rubén Sánchez, su portavoz.

Para José Blázquez Jiménez, experto en Marketing y Empresas de la Universidad Europea de Madrid, el encarecimiento del precio no la motiva el sexo del consumidor sino el valor que éste le da al producto, es decir, “las mujeres se preocupan más por el cuidado personal, valoran estos productos más que los hombres y están dispuestas a pagar más”, explica.Ese detalle no escapa a las empresas, el hecho de que ellas compren más o estén dispuestas a dejarse más dinero ya justifica el encarecimiento.

Es una discriminación “pero no sexista”, que ocurre también con los productos dirigidos a los adultos y a los niños. Más que una tasa rosa, existe una tasa marketing. “Es un fraude pero legal, propio de la sociedad de consumo. En función del perfil del comprador y de su poder adquisitivo se marca la etiqueta. Ocurre con la alimentación, hay consumidores que gastan el doble por un pan gourmet que por una barra en una panadería, siendo los ingredientes idénticos”, explica el portavoz de Facua.

En Francia las explicaciones no convencen y mientras el Gobierno investiga el fenómeno, la rebelión femenina crece. Hasta se ha creado un canal en Twitter (womentax) en el que las consumidoras añaden precios y siguen alimentando la polémica.

Redactado por

Alexandra Parceiro

Seila Canosa

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